EL IES CARLOS III CONTRA EL BULLYING Y EL CIBERBULLYING

Cualquier tipo de violencia o acoso es deleznable, más aún, si afecta a nuestros menores. Las relaciones que pueden establecerse entre agresores y víctimas determinan los distintos tipos de acoso aunque, en no pocas ocasiones, el resultado es una combinación de varias modalidades que suele complicar la detección, alargar los plazos de resolución y concluir con un trastorno de mayor calado en los principales roles intervinientes.

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Las bromas, las gracietas, los motes…, pueden no tener importancia si todas las partes los asumen con buen talante, si no se realizan de forma reiterada,  si no se asocian a un evento, cualidad o rasgo que permita una evocación sistemática y si, tras ellos, no se esconde una intencionalidad de hacer daño, de ridiculizar, de estigmatizar a la persona o grupo sobre las que recaen.

La historia del acoso (o el bullying) entre o hacia menores no es algo nuevo, siempre ha habido figuras que por distintos motivos han asumido un rol de dominio y control sobre otros. Los más habituales, los que más podían verse, eran de tipo físico, donde esos “abusones” de ambos sexos aprovechaban una superioridad física y/o numérica sobre otros con los que ni siquiera era requisito que hubieran tenido alguna relación previa. Lo hacían porque podían. Bastaba un empujón, un manoseo, un golpe, una zancadilla para arrancar unas risas que herían a un nivel mucho más profundo a sus víctimas, de una manera más íntima, en una edad temprana donde el grupo social pesa mucho, demasiado, haciendo que todo se vuelva más cruel.

Entre agresores y víctimas siempre existía un grupo de espectadores que aguardaba la próxima jugada mirando desde la segunda fila. Atemorizados, unos, por si fueran ellos los siguientes en ser el objetivo, preferían guardar silencio. Con aspiraciones a formar parte de la jauría, otros, que respaldaban sumisamente a los líderes en espera de aprobación. Con indiferencia y falta de empatía, un último grupo, que ni sentía ni padecía, no iba con ellos, echaban unas risas mientras duraba el espectáculo y a otra cosa mariposa. Todos, por acción u omisión, conniventes de una situación que incrementaba el sufrimiento de quien lo padecía.

Con la llegada de las nuevas tecnologías (o ya no tan nuevas), la situación ha aumentado de nivel. Se han alterado las características de los distintos roles, se ha difuminado la franja de responsabilidad de las actuaciones acosadoras y el alcance, duración e intensidad de las agresiones que, por graves, casi han hecho buenas a aquellas collejas o capones de tiempos pasados.

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Las nuevas modalidades de bullying afectan al estado emocional de la persona destruyendo su autoestima, minando su confianza, anulándola como miembro de un grupo relegándola al aislamiento, al ostracismo, convirtiéndola en una marca que contaminará a quien se aproxime. Es como vivir en un vacío absoluto en una etapa donde se cree necesitar al igual más que a la familia. ¿Hay una forma más cruel de hacer sentir a un chico o una chica en plena adolescencia o, quizá, antes? El hostigamiento verbal da paso a campañas organizadas y sistemáticas en redes sociales, donde un simple like sirve para empoderar a los agresores y sumir en la desesperación a las víctimas que no encuentran una salida, que se avergüenzan de lo que hayan podido mostrar en un momento pasional con quien creían que era el amor de su vida o lo que hayan podido escribir en una conversación que suponían privada. Compartir un audio, una fotografía desafortunada o un vídeo de contenido delicado hasta hacerlo viral es una manera cómoda, aséptica y exenta de empatía de hundir la vida de alguien, conocido o no, que tiene sentimientos similares a los nuestros  pero que ha tenido la mala fortuna de estar en el punto de mira de alguien (que también necesita ayuda) que a su vez se encuentra rodeado de otros tantos que participan de la cacería y se divierten con el dolor ajeno. O peor, son indiferentes a él, incapaces de reconocerlo aunque lo tengan delante.

En ocasiones, llevar a cabo prácticas de riesgo puede crear un efecto llamada de estos acosadores en alguna de las muchas modalidades que existen; son tantas y algunas tan recientes que ni siquiera ha dado tiempo a acomodarlas en nuestra lengua y por eso nos obligamos a manejar anglicismos. Algunas, son viejas conocidas con una pátina de tecnología, otras, han emergido a raíz del universo de aplicaciones que pueblan los teléfonos móviles de nuestros jóvenes, muchos de los cuales tienen acceso ilimitado y no supervisado (inexplicablemente) desde edades cada vez más tempranas. El groomingflaming, vampingsextingphubbing, outing, happy slapping, sharenting… son prácticas que por estrambóticas que parezcan son demasiado habituales, no son cosas que les pasan a los demás, son cosas que están pasando al otro lado de la puerta donde duermen nuestros hijos, sin que seamos conscientes, sin percatarnos de que su comportamiento ha cambiado tanto en poco tiempo porque alojan dentro de sí un dolor que les consume y que no se atreven a verbalizar; ni siquiera con nosotros. Ha cambiado la forma de relacionarse, de jugar, de estudiar, de buscar pareja, de tener sexo… y todo cambio conlleva una curva de aprendizaje. La tecnología, per se, no tiene que ser un inconveniente, algo que haya que prohibir o de lo que protegernos como si de hechicería en tiempos de la Inquisición se tratara. Los adultos tenemos la obligación de proteger a nuestros jóvenes y la responsabilidad de acompañarlos en el proceso de aprendizaje para que sean conscientes de qué se puede hacer y cómo hacerlo correctamente. No será un camino de rosas, habrá que negociar y tener mano izquierda pero todo, todo, comienza por tener información.

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En el IES Carlos III, estamos concienciados con esta problemática y no nos cabe duda de que la Escuela ha de estar ahí para ayudar a nuestros estudiantes a comprender cómo funciona el mundo físico que les rodea pero, también, el digital, en el que pasan, cada vez, más tiempo. Para ello, contamos con Lucía Vera León, procedente de la Universidad de Córdoba y colaboradora de José Antonio Casas Bolaños, expertos ambos en Bullying y Ciberbullying, quienes nos impartieron, al Claustro y a las familias de nuestros estudiantes, sendas jornadas formativas que os compartimos a continuación para que podáis aprender, como nosotros, que el mundo que rodea a nuestros jóvenes es, a veces, complejo, competitivo, cruel, demasiado accesible y oscuro pero, también, está lleno de oportunidades para crecer como personas completas si nosotros les llevamos de la mano, aunque ello suponga, aprender con ellos.

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Créditos:

Imagen de portada: https://www.auca.es/ciberbullying-que-es-y-como-evitarlo-en-nuestros-hijos/

Imágenes de la exposición: Javier Luque.

Post: Javier Luque.

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